Mi amigo el miedo

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Me quedó dando vueltas el tema del miedo. ¿El tema del miedo o el miedo? Porque el miedo es parte mía. Está ahí acechando esperando que yo intente dar un paso para dar un zarpazo.

Ya sé… me está protegiendo. Y ya sé que mi miedo es muy sobreprotector. Ya lo voy conociendo. A veces me cuenta historias terribles que pueden llegar a pasar o empieza con una escalada de conjeturas de cómo van a ir agrandándose los problemas. Cuando me doy cuenta de esto paro… y me digo: “no tiene por qué ser de esa manera” “tal vez pasa otra cosa de lo que pienso… hasta tal vez no pasa nada”

Es como mirar de cara al miedo, escucharlo y mostrarle otra posibilidad. No es fácil cuando el miedo está muy pegado a mí. Me exige un ejercicio de alejarme un poco para verlo mejor. Poder diferenciar ese pensamiento alarmante y reconocer de dónde viene.

Y lo cuento así rapidito y sencillito pero me costó años poder despegarme de ese miedo y ver sus estrategias. Ahora me resulta más claro: cuando tengo un pensamiento catastrófico (y desproporcionado con la realidad) ya sé que viene del miedo y no tiene más fundamento que el de protegerme… porque el miedo tiene sus motivos que a veces no llego a comprender.

Para compensar tengo el sentido común, la capacidad de reflexionar y de evaluar.

Pero el miedo también tiene otra manera de actuar. No va a dejar que me libre de él tan fácilmente. Y esta cara es la que más inquietud me da… el miedo invisible.

Cuando se presenta de esta manera no lo veo. No me doy cuenta que está. Pero estoy empezando a reconocer sus efectos:

  • la paralisis… no me muevo o lo hago en círculos creyendo que avanzo pero sigo en el mismo lugar
  • la ceguera… me cuesta ver cómo es el lugar donde estoy y no veo para donde ir

Es muy astuto el miedo en esta forma. Hasta efectivo porque logra que me quede quietita.

Lo que me puede salvar es mi capacidad para registrarme, para verme a mí misma. Puedo darme cuenta de ese estado de inmovilidad. Puedo reconocer que esto me resulta incómodo. Hasta puedo conectarme con mi deseo de estar en otro lugar.

De ahí en más hay salida. No es fácil, lo repito. Y a veces sola no puedo y necesito que otro me acompañe a retomar el camino.

Pero cómo se retoma el camino si está el miedo?

Como decía antes, el miedo es parte mía.

No sirve de nada si me enfrento y me enojo con él. Tampoco sirve si no lo registro y hago como si no estuviese. Ya te dije que el miedo es astuto y va a encontrar la forma de detenerme.

Amigarme con el miedo. Ser amigo no es consentir al otro en lo quiera. Ser amigo es reconocer al otro, darle un lugar.

Reconozco al miedo. Trato de entender sus motivos y sus maneras. Al reconocerlo lo puedo ver como algo separado a mí. Yo no soy el miedo.

Además del miedo tengo aspiraciones, deseos, motivaciones a las que también debo darles un lugar. Si el miedo se corre va a haber lugar para ellos y más.

Ahora ya no soy una personita tomada por el miedo. Soy Fernanda, una persona con ganas, deseos, aspiraciones y muchas cosas más… y también con miedo (si… no se va a ir).

Lindo el cuento pero no sencillo. Requiere ponerle intención y atención.

Y a veces también necesitaremos la ayuda de otro que nos tome de la mano un rato para reconocer nuestra fortaleza y armarnos de valor para seguir.

Y ahora te pregunto ¿qué formas tiene tu miedo? Podes compartirlo abajo en los comentarios o escribiéndome por acá.

Si te interesó lo de “que te tomen de la mano un rato” podes mirar acá:  Cómo te puedo ayudar…

Un abrazo!!!

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2 comments

  1. Hola Fernanda! Recién descubro tu Blogger, soy parte de todos o casi todos los grupos de la desmesurada Pau y por eso llegue a tu página.
    Me encantó está entrada! Yo vivo con el.miedo desde que tengo uso de razón, no con el miedo “normal o sano” el miedo “malo”.
    Me gustó eso de amigarse con el.
    Un beso!

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola Rosina!!! Te acompaño en ésto de vivir con miedo. Y me pasa como lo cuento arriba, el miedo me paraliza. El tener una relación mas “amistosa” con él implica mirarlo, reconocerlo y darme cuenta qué efectos tiene en mi. Asi me puedo desprender un poco de él y llevarlo al lado, y no colgandome de los hombros.Y lo de verlo como un amigo puede ser una forma de no ponermelo en contra… ya no verlo como “malo” porque sé que me protege. Ahora intentaré decirle a mi amigo que entiendo su miedo pero yo quiero probar otra manera.
      Gracias por pasarte por aqui!!!

      Me gusta

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