Vivir con incertidumbre

Vivir con incertidumbre

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Hay momentos donde no entiendo de qué va la vida. Trato de vivir lo más congruente con mis valores, mis aspiraciones, tratando de desplegar mis habilidades naturales. Pero parece que eso no basta para poder vivir.

Por si me lees desde una comunidad autosustentable en la montaña o desde una gruta en las afueras de un pueblito perdido, te cuento que yo vivo en una ciudad donde, mal que me pese, se necesita dinero para vivir dignamente. Para la mayoría de las cosas se necesita dinero contante y sonante: tener servicios básicos, pagar un alquiler (si no tenes la suerte de tener vivienda propia) que en general viene acompañado de expensas, comer, vestirse… en fin.

Difícil se me hace compatibilizar el vivir según mis ideales y el ganar plata… bueno, en eso ando en estos días. Y esto viene con angustia, incertidumbre, frustración…

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Hay días negros donde todo se ve nublado. 

– me siento invisible para el mundo,

– estoy  insatisfecha con lo que tengo,

– no se para dónde dar un paso,

– descreo de mi intuición

– veo un futuro catastrófico

Me miro y tengo motivos… que crecen cuando veo la pila de deudas esperando que de algún lado lluevan billetes.

Intuyo que no me pasa a mi sola… miro alrededor y veo que a los demás tan mal no les va. Y me siento más desdichada.

Pero no me quedo tirada llorando mis desgracias. Intento… Lo que me sale… Y a veces me siento dando manotazos de ahogado…

 

Y de golpe hay días donde parece que el sol se asoma:

-recibo una visita inesperada de alguien que quiero mucho

– mi amigo del alma me llama para compartirme un descubrimiento personal ‘que no puede hablar con cualquiera’

– mi querida amiga me mantiene al tanto de su viaje con aventura gatuna incluida

– viajar al centro de Buenos Aires en enero es hermoso: ‘no hay nadie’!!! y se disfruta

– pasé una tarde pudiendo disfrutar a mis viejos

– el día caluroso fue regalando un vientito reconfortante

Todo eso en un día… Y un poco la mirada se despejó.

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¿No seré bipolar?

Una consultante me suele decir “¿No seré bipolar?” (aclaro, la bipolaridad no tiene nada que ver con esto). Es que cómo puede ser que pasemos de un estado a otro así nomás?

Parece que la vida tiene todo junto y a veces parcializamos la mirada… vemos un polo sin ver el otro.

Y descubro qué importante es integrar los polos en nuestra mirada. El dolor, la falta, la incertidumbre van a seguir estando pero me va a encontrar más fortalecida y poniendo menos resistencia. Abierta a lo nuevo que esta situación traiga… porque nada es para siempre… dicen por ahí…

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Y hablando de dar manotazos de ahogado…

De golpe me acordé de un cuento de Mamerto Menapace sobre unas ranitas que cayeron en un tarro con leche… Léanlo… este hombre escribe mejor que yo…

 

“Una ranita salió con su amiga a recorrer la ciudad, aprovechando los charcos que dejara una gran lluvia. Las ranitas sienten una especial alegría luego de los grandes chaparrones, y esta alegría las induce a salir de sus refugios para recorrer el mundo.

Su paseo las llevó más allá de las quintas. Al pasar frente a una chacra de las afueras se encontraron con un gran edificio que tenía las puertas abiertas. Y llenas de curiosiddad se animaron mutuamente a entrar. Era una quesería. En el centro de la gran sala había una enorme tina de leche. Desde el suelo hasta su borde, un tablón permitió a ambas ranitas, trepar hasta la gran olla, en su afán de ver cómo era la leche.

Pero calculando mal el último saltito, se fueron las dos de cabeza dentro de la tina, zambulléndose en la leche. Lamentablemente pasó lo que siempre suele pasar: caer fue una cosa fácil; salir era el problema. Porque desde la superficie de la leche hasta el borde del recipiente, había como dos cuartas de diferencia, y aquí era imposible ponerse en vertical. El líquido no ofrecía apoyo, ni para erguirse ni para saltar.

Comenzó el pataleo. Pero luego de un rato la amiga se dio por vencida. Constató que todos sus esfuerzos eran inútiles, y se tiró al fondo. Lo último que se le escuchó fue “Glu-glu-glu”, que es lo que suelen decir todos los que se dan por vencidos.

La otra ranita, en cambio, no se rindió. Se dijo que mientras viviera seguiría pataleando. Y pataleó, pataleó y pataleó. Tanta energía y constancia puso en su esfuerzo, que finalmente logró solidificar la nata que había en la leche, y parándose sobre el pan de manteca, hizo pie y saltó para afuera.”

 

Mamerto Menapace – Madera Verde – Ed. Patria Grande – Buenos Aires

 

Te pasa que estás en esos días negros?

O tal vez ya se despejó tu mirada y ves más claro y con más optimismo?

Te sentís dando patadas en la leche?

Pudiste ya salir del tarro?

Contanos en qué parte estás… tu experiencia puede servirnos…

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Hasta pronto!!!

 

 

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2 comments

  1. Hola! Buen día acabo de leer tu escrito desde México y me resonó la idea por qué hace tiempo me sentía de esa manera, practique el ejercicio de una vez que concluía algunos escritos los pasaba todos en Positivo cada oración la transformaba y poco a poco fui dándome cuenta que todo comenzaba a modificarse, te mando un brazo con mucho cariño. Y es cierto aveces llegan días de incertidumbre.

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    1. Gracias, Jeanette, por compartir tu experiencia! Creo que la incertidumbre es parte de la vida y en mayor o menor medida, un día u otro nos toca a todos. Tomo tu ejercicio. De hecho ya me relei en positivo. Ayuda a acompañar la incertidumbre y evitar que nuestra mirada vea todo negro.
      Un abrazo!!!

      Le gusta a 2 personas

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